En el teléfono esa tía con la que hablás cada muerte de obispo, hacía años que no intercambiaba una sílaba con ella.
Llama para decirme que van a festejar el cumpleaños de otra tía, y que se pondría muy contenta si yo estuviera allí, -" No me devolviste el llamado cuando yo te llamé "-, fue lo único que me dijo, muchas veces, inclusive después de haberle dicho que mi padre había fallecido hacía un tiempo, no me preguntó, cómo estaba, que había pasado con él, si yo estaba en condiciones de ir a una fiesta o si necesitaba un hombro dónde llorar.
Sólo importó pasarme una factura porque no la había llamado, y que fuera a la fantástica fiesta que estaban preparando, mi dolor no importaba, tampoco importaba cómo me encontraba después de la pérdida.
A veces uno está sólo por decisión, porque otras personas prefieren no estar con nosotros, o quién sabe porqué.
No quiero parecer egoísta, pero tengo un dolor muy grande, y una de las pocas personas que podría compartir recuerdos conmigo, porque no hay nadie con quien recordar mi infancia no le importa ni cómo estoy ahora, si tengo trabajo, casa, etc.
Hay momentos de dolor y egoísmo, en el que nos podemos acercar a los otros, con cuidado, nuestro y de ellos, pero es totalmente frustrante que alguien que supuestamente quiere pasar un rato con nosotros, no nos pregunta cómo estamos, y si después de la pérdida de lo que más quería, necesito algo.
Sí, a veces es mejor estar sola que mal acompañada, porque ahora me siento mal y amargada, hubiera preferido que el teléfono no sonara nunca, en vez de sonar para reprochar y pedir, en vez de acariciar
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viernes, 27 de marzo de 2009
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